Sergio Camalich

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Visitaciones Extrañas

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En el imaginario colectivo, Bali es representado por medio de la sagrada trifecta –– la palmera, el volcán y los campos de arroz –– establecida durante la época colonial. A su vez, la identidad Balinesa se encuentra en eterno conflicto –– causado una vez más por influencias externas –– debido a su imposibilidad de distinguir entre religión, tradición y cultura.

Cada una de estas definiciones, desde la estética hasta la moral, han sido introducidas por entidades ajenas a los balineses e internalizadas por si mismos. Y si bien estos no siempre han sido mal intencionados, no hace falta mucho esfuerzo para ver que algo extraño está sucediendo en este lugar.

La que alguna vez fue conocida como una isla salvaje, de guerreros indomables dispuestos a sacrificarse antes de rendirse ante el enemigo, es ahora promocionada como un paraíso terrenal; en donde el arte y la espiritualidad se mezclan en perfecta armonía, gracias a la gentileza de su gente y la riqueza de sus tierras.

Una sociedad dependiente del turismo, fácilmente colapsable –– como se vió durante los tiempos del COVID. Odiando los estragos y las consecuencias del tráfico excesivo en calles que fueron diseñadas para bicicletas, sin poder hacer otra cosa mas que bajar la cabeza y extender la mano cuando el bule pide algo de comer.

La arquitectura tradicional, diseñada en base a preceptos filosóficos cruciales para los balineses y adaptada para el clima local, esta irremediablemente siendo reemplazada por edificios modernos, nórdicos y brutalistas. Cajas de cemento y cristal, que precisan los recursos que a duras penas son exportados desde otras islas.

Las calles principales rumbo a Sanur, delineadas por trabajadores foráneos, con palas y kopi en mano, sin zapatos ni un lugar donde dormir, esperando por un trabajo en el cual construirán los mismos proyectos que fomentan su propia destitución.

Estas y otras tantas visitaciones extrañas embargan hoy a la isla de Bali. Y a pesar de todo, en medio de tanto tumulto y maraña, La Religión del Agua (Agama Tirta) continúa su procesión, surcando los caminos entre sekala y niskala.

Por mi cuenta, soy consciente de mi posición como un extranjero más, hablando sobre Bali como si le conociera. Pero si hay algo que he aprendido durante mi tiempo aquí, es que la única manera de verdaderamente entender a Bali es haber nacido Balinés.

Es desde este punto –– el no saber –– que he apuntado mi cámara, con el afán y la esperanza de algún día poder hacerlo.



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